lunes

2016/04/05 Mi esposo se aprovecha de mí

   
Buenas tardes Dr.
Soy una mujer casada proxima a cumplir 30 años, llevo con mi esposo 7 años; en el ultimo año luego de tener nuestro segundo hijo, mi esposo empezo a cambiar mucho; trabajamos los dos para poder sostener el hogar. Mi problema radica en que él se esta aprovechando de mi, yo trabajo todo el dia luego tengo que llegar a seguir con los que haceres del hogar, lidiar con los niños que estan muy pequeños, practicamente nunca saco tiempo para mi, no me puedo ver una pelicula completa, no puedo ver mis programas, no salgo con mis amigas y mucho menos tengo tiempo para concentirme como mujer, porque todo mi tiempo lo acaparan ellos tres; el muy tranquilamente llega a ver futbol o programas al respecto hasta altas horas de la noche, o puede llegar a pegarse del celular por largas horas, si en alguno de esos momentos le pido ayuda con algo se molesta y me dice que no lo puedo ver tranquilo; el por el contrario sale con sus amigos cuando quiere y sin avisar, se demora el tiempo que quiera y yo nunca le digo nada. En cuanto los gastos de la casa todo mi sueldo se va en eso porque no puedo sacar casi nunca para comprarme algo para mi. Me critica todo el tiempo si se me olvida algo, a todo le ve el lado negativo, nunca me apoya cuando quiero hacer algo. Reconozco que soy grosera y de mal caracter, pero pienso que todo es a raiz del estres laboral que manejo y el hecho de saber que no cuento con nadie en mi casa para despejar mi mente.


Estimada amiga: 

Creo que, en cierta medida, tiene usted razón.  Su esposo se aprovecha de lo que usted está comprometiendo en exceso, problema que, dicho sea de paso, es lamentablemente frecuente en nuestros hogares latinos.

La constitución de la mujer, por su naturaleza, le permite realizar muchas funciones a la vez, es casi su natural; y, la maternidad agudiza la capacidad de renuncia en lo personal. 

Lo que los hombres solemos no entender es que, en esos momentos, nuestras mujeres necesitan de mucho apoyo y ternura. Suele ser que hemos sido educados, por lo menos en la clase media, a ser atendidos por la mamá o la empleada, una suerte de designio social con privilegios para el varón. La niña, por el contrario, generalmente es la que recibe una educación más estricta en cuanto al orden, la higiene y las responsabilidades.

Cuando la pareja se une para una vida en común, se va construyendo una modalidad de relación en la convivencia.  Como es de suponer, la tendencia es que los hábitos que cada uno trae al matrimonio se agudicen. Entonces, la mujer se hace responsable de todas las tareas de la casa, además del trabajo, cuando lo tienen, mientras que el hombre por tendencia, siente que basta con proveer dinero, extensión de sus primitivas bases de recolector o cazador. 

Sin embargo, cuando desde el comienzo se cultiva un diálogo saludable, es posible repartirse las tareas de manera responsable y equitativa.  Las resultantes no son desequilibradas para ninguno.

Los problemas suelen surgir cuando no hay acuerdos previos o cuando no hay la paciencia suficiente para que estos acuerdos se consoliden y, entonces, empiezan los reproches y reclamos que van generando reacciones defensivas en cada uno, lo que luego hace inviable el ponerse de acuerdo.

Estimada, es importante cambiar el estilo en que se están comunicando. Lo primero pasa por recobrar el buen ánimo.  Es posible que esté usted muy cargada y eso que menciona acerca de que usted puede ser grosera resulta un veneno a la hora de buscar acuerdos, más aún si son de cambio.  Ojo, de lo que se trata es de que cambien en el sentido de las tareas comprometidas, de los roles, no de que EL o ELLA cambien.  Se trata de cambiar los tonos, las maneras de comunicarse.  Una expresión calmada y amable logra muchísimo más que los reclamos airados.  Se trata de cambiar la manera en que interactúan.

Suerte.

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