lunes

2015/10/21 Temor a la relación afectiva

Buenas tardes Dr. Soy una chica de 30 años, sin pareja y bisexual.
Cuando alguien muestra atracción por mi y me envía señales que le gusto, ya sean sutiles o muy denotantes, yo aunque esa persona me guste me hago la desinteresada, despistada y miro hacia otro lado y hago hasta como si no me hubiera dado cuenta, y tampoco hago nada por seguirle "el juego" aunque quiera yo también hacerle enteder que a mi también me atrae. Soy bastante tímida y nunca doy el primer paso, siempre dejo que lo den y hasta no estar muy segura que yo le gusto de verdad, no doy pie a mas. Los juegos de conquista siempre se acaban porque cuando yo veo que puede haber algo mas, salgo corriendo y la otra persona como es normal cree que no estoy interesada.
He perdido muchas oportunidades por estos miedos y no consigo qué hacer.
Muchas gracias de antemano!


Creo que es usted muy consciente de lo que le pasa: la asalta el temor a que se concrete la relación, a que se produzca el acercamiento… El asunto a precisar es qué lo origina y, ciertamente, el motivo de su consulta: qué se puede hacer…

Me recuerda un documental sobre la vida de Diana de Gales y su timidez;  cómo la ayudaron a cambiar su actitud. Solo para transmitirle que SE PUEDE. El asunto es abrirse a superar el obstáculo, sola o con ayuda.

Muchas veces lo que tenemos como interferencia es la dificultad de sostener cercanía emocional. La mayoría de las veces esto ocurre porque en casa se generaron fallas cuando éramos muy niños y construimos un paradigma de autonomía y suficiencia. Aprendimos a defendernos de la posibilidad de sentir afecto y/o compromiso, por miedo a que nos puedan fallar; y, nos resulta doloroso porque remueve lo vivido en la infancia. El temor al dolor nos lleva a no arriesgar.

El otro tema posible, es que no sintamos como lícita la experiencia amorosa – sexual, lo cual nos lleva a sentir que cualquier expresión en ese sentido puede ser censurada por quienes la observan, empezando por el objeto de su deseo. Muchas veces, esto proviene de una relación familiar represiva de la sexualidad, con frecuentes adhesiones intensas a la figura del padre, tanto en un sentido positivo como negativo (demasiado idealizado o muy censurado, en particular por “mujeriego”).

Puede haber una serie de otras posibilidades, propias de la experiencia personal de vida que haya tenido, cosas que conviene que revise con un psicoterapeuta psicodinámico. También, podría tener ayuda de un terapeuta cognitivo conductual que la ayude a trabajar “operativamente”, es decir, a condicionar sus actitudes en un sentido más eficiente a los fines del juego de la seducción.

En cualquier caso, importa que preste atención al problema y empiece a trabajar sobre ello. A los 30 años, como que ya no podemos dejar el tema para “cuando sea grande”. Empiece ya… O encuentra su fórmula personal o busca ayuda; usted decide.

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