lunes

2014/06/05 A la hora de perdonar… ¿qué ocurre?

Hola Doctor. Tengo una situación, hace un tiempo una persona me hizo unas cuantas cosas desagradables, nos conociamos, el asunto es que resultó ser una persona malcriada y dijo unas cuantas cosas ofensivas.
El tiempo pasó y yo ya ni me acordaba de eso, mucho menos sentía algún tipo de coraje, simplemente eso había quedado atrás. Esta persona hace un par de días me buscó preguntandome si todo estaba bien, preguntando si yo tenia rencor, pidiendo que yo "dejara las cosas atrás"
¿¿¿????, si yo ni me acordaba de eso. Recuerdo que sentí algto de coraje con su actitud, y tuve que pensar por qué. Pienso que me sentí así porque siento que vino a mi a lavar su consciencia, que ni siquiera le importaba si yo me sentia bien o mal respecto a lo sucedido
Y además que ese coraje momentaneo es porque sentí que yo ya habia dejado algo atrás y de pronto aparece con su mezquindad y ganas de lavar su consciencia (no sé, tal vez si le dedicara un tantito más de esfuerzo yo lo valoraría, pero no siento que lo esté haciendo por mi)

Estoy tranquilo de nuevo, ¿qué piensa usted de esas actitudes?


A la hora de perdonar… ¿qué ocurre?

En principio, hay un ofendido y un ofensor.

El ofendido puede estarlo en base a una particular sensibilidad a detalles que el ofensor vulnera, intencional o inconscientemente. Es posible que en el caso del ofensor se trate de una característica vincular, por ejemplo, la de maltratar a las personas con las que establece especial cercanía. Casi siempre esto deriva de conflictos de la temprana infancia y hace que se compliquen las relaciones emocionales.

El ofendido puede “pasar la página” en lo racional, incluso en lo afectivo consciente, sin embargo, desde lo gestual o actitudinal deja sentir una emoción que en realidad no se ha ido, como tampoco, probablemente, ha dejado de ser sensible a aquello que lo vulnera de manera especial, por ejemplo, el sentimiento de que el otro no se interesa por uno.

De alguna manera, perdonar implicaría el poder atenuar nuestro punto de sensibilidad de manera que no seamos tan vulnerables y requiramos defendernos del ofensor (o de ofensores que actúen de forma similar). Si el ofensor nos solicita que “dejemos la cosa atrás”, quizás nos esté invitando a negar los hechos ofensivos. Esto no garantiza que a futuro no vuelva a incurrir en lo mismo. Es necesario sentir que el otro tiene una cabal conciencia, que hace un acto de contrición y tiene un “propósito de enmienda” como para acoger con garantía el sentido de perdonar (insisto: distinto a negar).

A la hora de perdonar, siempre es bueno mirar a los dos implicados. Siempre es una oportunidad de aprender, de cambiar uno mismo y promover un cambio en la actitud del otro hacia nosotros. Pero, es importante dar oportunidad a los intentos de reparación, aunque esto conlleve un punto de corte en la continuidad de un vínculo, pero pudiendo sostener el buen sentir, versus el quedar resentido o afectado. No siempre nos percatamos de cuánto nos queda de la afectación.  Como decía antes, pasar la página no es garantía de que algo se resolvió; hay que mirar un poquito más a fondo.

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