lunes

2011/01/28 “A Dios rogando…"

Buenas noches Dr. tengo 34 años,soy una mujer que nada en esta vida le ha sido facil pero siento que una vez mas me equiboque, pido a gritos ayuda y siento que nadie me escucha,hasta el propio Dios no me escucha,lloro incansablemente, quiero y me dejo ayudar pero sigo en lo mismo.Dr llevo una relacion de 3 años con un hombre casado,tiene 3 hijas,y se que esto esta mal pero cada vez que pido terminar con el, el me suplica que regrese, que vuelva a el y yo lo hago,y cuando el termina conmigo yo hago lo mismo y estamos lastimandonos mas que nunca,lo peor de todo es que el es mi gerente y en tres oportundidades voy renunciando a la empresa y cada vez que lo hago, me voy pero el me busca y me pide que regrese y yo lo hago, ahora cada dia las cosas van de mal en peor, tiene actitudes diferentes, me humilla, y nose porque le permito,no entiendo porque me arrastro a sus pies,nose porque me quedo callada cuando el me hiere siempre, parece que tengo cemento en los pies y no salgo de todo esto, ayudeme por favor, se lo suplico por el amor de Dios.



"A Dios rogando... y con el mazo dando…” dice un viejo adagio.

Amiga, usted sabe, se da cuenta que es una situación difícil, pero es imposible que alguien la ayude si no está dispuesta a dar ese paso que ahora le parece imposible.

No, no es el de dejarlo. No. Ése será el segundo paso o, quizás, el tercero. El primero es dejar de maltratarse, de convencerse que esta "maravilla de relación", que la atrapa en sus encantos, es un amor enfermo y que deriva de una pobre autoestima.

El primer paso es decidir que usted se merece otra cosa. Debe haber en el fondo un trauma infantil por el cual alucina usted que eso es amor. Lo que está haciendo es repetir el trauma: alguien inalcanzable reitera una promesa que tiene el destino de la frustración y el dolor, a lo que se agregan hondas emociones de desamparo y hasta de humillación.

Reconozca, ya no es la niña que se moría por que la quiera papá o por que no la abandone mamá, o por que no se separen… ¡quién sabe! Lo que sí es claro es que ahora es usted una persona adulta que puede decidir si seguir en ese escenario… o cambiarlo.

Está en un momento de su vida que suele ser el límite medio de la vida… Le falta la otra mitad por vivir. Decida cómo quiere vivirla… Lo “romántico” vivido hasta ahora tiene el encanto de la tragedia y, por tanto, debe terminar. Es necesaria la experiencia de terminar algo y sobrevivir.

Ni yo, ni Dios, ni nadie va a poder resolver eso que le toca a usted disponer. En el momento que se ponga verdaderamente en disposición de otra cosa, dispuesta a jugarse con todo para salir del enredo en que se encuentra, la ayuda, de donde sea que ésta venga, empezará a surtir efecto. No lo dude.

Es importante que sienta usted que está decidiendo su vida, que no es víctima de las circunstancias; que, más allá de lo que su pareja le pida o diga, está usted definiendo lo que es (usted) y lo que quiere.  El resultado es poder sostener el deseo de vivir una vida en la que sea respetada y querida saludablemente por una pareja y por los demás; pero, en principio, por usted misma.

Atrévase. Se puede. Una cuota de dolor vale la pena…  Todos los que la estiman esperan su gesto para poder acompañarla en la nueva ruta…  Desde aquí, también, espero su señal. Entonces, estimaré que empieza a estimarse…

Cuénteme en seis meses cómo le fue.

Le deseo suerte.

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