lunes

2010/10/14 Atrapada por el dolor I

Hola doctor: Escribo estas líneas anegada en lágrimas. Hace un par de horas, vi a mi ex con su pareja, no sabe cuánto dolor sentí, inimaginable, ni yo sabía cuánto podía volverme a doler. En mi desesperación lo llamé al celular y le dije que lo amaba y que regresara conmigo, me dio un rotundo no, pero lo peor es que decidió escoger a su chica otra vez. No sabe cuánto mas me dolió eso. Trato de entender porqué hice lo que hice, si él en el pasado me ha hecho mucho daño, no se porqué sigo aferrada a ese sentimiento que me tortura y me lleva a límites que no debo llegar. Ayúdeme...me siento terriblemente deprimida.


Estimada amiga,

Gracias por su consulta.

Lo natural es alejarnos de todo aquello que nos hace daño o que nos hace sufrir. El viejo Freud alguna vez se preguntaba por qué, alguna gente, contraviniendo esta ley natural, persistía en aferrarse a lo dañino.

Hay unas líneas de un poema de Borges que recuerdo con frecuencia:

No nos une el amor sino el espanto
¿Será por eso que la quiero tanto?

Me parecen muy elocuentes, como para abrir una posibilidad de comprender esa oscura razón que nos habita y que hace que una y otra vez nos encontremos en ese mar de lágrimas, sufriendo profundamente por un desamparo, por una incomprensión, por un maltrato que nos ha marcado el alma.

Querida amiga, tiene usted una herida que cicatrizar, una deuda que nadie, sino usted misma, puede restañar. El primer movimiento de la cura es ponerle freno a esta especie de vicio torturante al que se somete.

Es, como cualquier adicción, un placer que deteriora, el placer de hacerse daño. Estoy seguro de que tiene usted muchas cosas buenas; de repente, incluso, muy buenas, pero este escenario de sus afectos pone en jaque todo lo positivo de usted y emprende esta furiosa tarea de humillarse, de rebajarse, de compararse siempre en negativo.

La falla está dentro de usted y necesita atenderla de una manera conveniente, empezando por atenuar esa furia maltratadora a la que se somete.

Diría que se odia a sí misma, por lo que se entrega con absoluta mansedumbre al verdugo de turno.

Le pido encarecidamente que esta carta sea el inicio de un cambio. Empiece por considerar que usted se merece otra cosa, que hay razones para sentirse valorada y querida. Acepte que tiene algún trauma personal que resolver y que, en cuestión de amores, tiene que prepararse, porque es usted muy vulnerable y propicia para que estas cosas le pasen.

Es posible que no pueda usted sola. Busque ayuda, rescate su dignidad, hágase digna de usted misma.

Con mucho afecto, le deseo lo mejor. Toma tiempo y esfuerzo, pero se logra.

Espero que me cuente como le fue, en unos meses.

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