lunes

2010/05/18 ¿De qué intimidad hablamos?

doctor, de antemano le agradezco por su respuesta y por este espacio.
He leido sus respuestas a las consultas y me ha agradado mucho su manera de responder, de forma clara y sencilla.
Mire tuve un enamorado que continuamente me pedia tener intimidad y eso me disgustaba porque me parecía que eso era lo que mas le importaba ya que el trabajaba en el interior y me llamaba muy poco, pero cuando ya venía a la ciudad me buscaba para vernos y al final de encontrarnos quería que tuviéramos intimidad, yo no me sentía bien y empecé a decirle que no, y se alejó poco a poco hasta que no me llamó más. Pasó pocos meses y me enteré que se caso por terceras personas, me lo encontré de manera casual luego de tres meses y se hizo el desentendido y me dijo que no me había llamado porque había estado de viaje por un trabajo y que ahora estaba con más tiempo y me dijo para vernos y salir, me llené de indignación pero lo disimulé y solo le respondí "bien" con la mirada muy fija, obviamente yo no iba a salir con él ni de broma, pero tampoco él me buscó. Tengo un amigo muy cercano a quien le conté esta historia, le pregunté a él como hombre qué pensaba al respecto, me sorprendió su respuesta, me dijo que me lo iba a decir con toda sinceridad porque era mi amigo, me dijo que el susodicho seguramente se alejó porque pensaba que yo no estaba completamente enamorada de él puesto que yo no me mostraba tan entusiasta de tener intimidad como él si lo demostraba, mi amigo me dijo que él también piensa de esa forma. Doctor yo creo que el sexo es parte de una relación y que no puede resumirse a eso la solidez de una relación, no me gustaría que mi pareja tenga esa forma de pensar, más me interesa poder conversar mucho y la confianza mutua que nos demostremos, solo así me sentiría estimulada a tener algo más intimo con mi pareja. Actualmente estoy sola y me quedé pensando mucho en lo que me dijo mi amigo, será esa la forma de pensar de todos los hombres??


Estimada amiga,

Entiendo que cuando se refiere a “intimidad”, está hablando de sexo. Pero, deduzco, por lo que expresa en el resto de su consulta, que lo que usted está buscando es otro tipo de intimidad, es decir, una cercanía más personal, un emparejamiento, con todo lo que implica: comunicación, reconocimiento, respeto mutuo, anhelo de compartir espacios, amigos comunes, etc.… lo cual, por cierto, incluye el sexo.

Creo que, en ese sentido, tiene usted las cosas claras. El asunto es que lograr una relación de intimidad, un emparejamiento estable, no es cosa sencilla. Si bien es lo que la mayoría desea… ¡y necesita!, existen una cantidad de dificultades para lograr un entendimiento equilibrado en la pareja. Casarse no significa que uno lo logró, tampoco el que uno lo pase bien en la cama con el otro.

La intimidad se construye con el tiempo, con la experiencia. Más que en el otro, es necesario tener mucha seguridad en uno mismo para abrirse a una relación. Es necesario saber que siempre está el riesgo de que las cosas no funcionen o de que, después de haber caminado un trecho juntos, uno mismo se dé cuenta de que no es la persona con quien valdría la pena seguir andando.

Aún así, no hay que perder la ilusión. El camino del amor está empedrado de frustraciones de las cuales uno debe aprender. Hay una cierta tolerancia necesaria para conocer bien al otro, saber que somos todos imperfectos y, más bien aportar para que cada quien saque lo mejor de sí.

En ese sentido, con el paulatino encuentro, uno encontrará naturalmente las posibilidades de abrirse, en el plano que sea, sexual, afectivo o personal. Nada está garantizado de por sí; es nuestra experiencia del otro, con el otro, la que nos va diciendo cómo son las cosas.

Lamentablemente, la euforia del enamoramiento suele enceguecer a las personas. Y, por un tiempo, no nos damos cuenta de los detalles negativos. El reto mayor en la vida es no perder la cabeza o confiar en que en algún momento la razón nos traerá a la realidad.

Hay que perder el temor a enamorarse, a entregarse con todo. Una sana desconfianza nos será útil, pero no hay que ponerla por delante. En todo caso, las cosas lindas que uno recoge de lo vivido valen la pena… mientras duren, hasta encontrar aquella intimidad a la que aspiramos.

Algo más: no se olvide que la intimidad se construye de a dos; siempre tendremos que hacer un espacio para preguntarnos, “que estoy haciendo yo para que esto me pase”, especialmente si las dificultades se repiten.

Toda experiencia, buena o mala, nos deja una enseñanza. Nadie le dará una mejor respuesta sobre cómo son los hombres que su propio aprendizaje de la vida. Siga buscando, siga viviendo, siga conociéndose más a sí misma.

¡Que su premio sea la intimidad!

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