lunes

2012/07/27 Gratitud

Hola Pedro, ¿cómo estás?

Agradezco que hayas abierto este espacio para comunicarnos contigo, probablemente por tu oficio eres una persona ocupada, de modo que agradezco el tiempo que le dedicas a este blog y a respondernos.
Supe de ti porque en internet conseguí un artículo tuyo "Deuda y Gratitud". Probablemente eres una de las primeras personas que tiene un enfoque de la gratitud que concuerda con la del "regalo". De un tiempo para acá vengo pensando que para que haya gratitud la otra persona tiene que dar pero por el gusto de dar no por sacarle el jugo a alguien (Incluso un terapeuta que cobra dinero por su servicio puede tener esa dimensión de "regalo" y producir agradecimiento ya que atiende teniendo mística profesional independientemente de quien le consulte. Al terapeuta le interesa hacer bien su trabajo y eso se reconoce/agradece).
He tenido algunas terapias, y me he encontrado con cada personaje como para salir corriendo. Recuerdo a un psicoanalista que frecuenté un tiempo. Mi motivo de consulta era la devastación por la ruptura con mi ex y el deseo de superar eso y tener otra novia.
Un día me levanté con una sensación de desasosiego, con tristeza en el alma, y el primer pensamiento que tuve fue "¡dios mío!!!! Llevo poco mas de un año frecuentando a un terapeuta que se niega a hablar del asunto y que después de este tiempo no se siente movido porque yo sienta dolor ante estas circunstancias.
Recuerdo que al principio hablé de mi ex. Las primeras veces él comentó cosas; luego, como mencioné que ella es bonita físicamente, empezó a decir que eso era un ideal narcisista; y, cada vez que yo hablaba de ella, él callaba, a veces por 40 minutos seguidos.
Empecé a notar que cuando yo hablaba de una mujer podíamos ir más o menos bien, pero cuando yo decía "que lindos ojos" o "me encantan sus piernas", él se callaba el resto de la sesión. Se lo reclamé constantemente, sin embargo nada.
Llegó un momento en que me di cuenta que yo hablaba de mujeres en cuanto a sucesos y personalidad, que llevaba tiempo "omitiendo" hablar del cuerpo de ellas (y por omitir quiero decir que me di cuenta que no surgía en mis ocurrencias), situación que me pareció preocupante.
Le insistí en multitud de ocasiones en que desde hace mucho a veces me deprimo por no creerme capaz de conseguirme una pareja, que mi familia me decía cosas feas de mi, que quien se fijaría en mi.
Un día lo presioné tanto que me dijo "Si, pero es que no tengo por qué ayudarte a entronizarte ante el otro". Le respondí y me espanté. No fueron únicamente las palabras sino el tono en que las dijo, como si eso fuese la cosa más patológica del mundo.
Te escribo porque lo de la gratitud me hizo recordar a todo eso. Un día, hablando de culpas y de que mi mamá y sobre todo mi papá son de haberme sacado en cara hasta el talco que le echaron a los pañales que usé y que comenté que eso era cultivarme la culpa, dije que ellos esperaban "agradecimiento" por eso, un agradecimiento estilo "porque te di la vida ahora haz lo que te diga porque si no eres un mal agradecido"
Agregué que, aunque me haya afectado y herido (cosas por arreglar quedarán supongo) yo me distancié y no ando cumpliéndoles los caprichos. Entonces, este terapeuta dijo: “Si, pero puedes agradecerle a tu mamá teniendo un hijo para que ella disfrute del nieto que tanto quiere".
Me negué y, además, dicha respuesta me espantó. Le aclaré que primero en este momento no tengo el deseo de tener hijos sino que más bien me provoca disfrutar de conseguir una novia y tener una relación.
Segundo, que los seres humanos no son juguetitos como para uno andar trayendo niños al mundo bajo esa égida de "agradecimiento"
Tercero, que luego de todo el maltrato emocional propinado por mi mamá yo tendría que estar muy mal de la cabeza como para dejar a un hijo mío cerca de mi mamá más de 5 minutos seguidos conociendo muy bien la lengua viperina que ella tiene, que sería sádico de mi parte hacerle eso a un hijo mio.
Otro punto que me recordaste con lo de la gratitud fue la insistencia de este psicoanalista a hacer referencia a un agradecimiento que debería haber surgido en mí debido a la terapia cursada.
Le dije un par de veces que si yo me hubiera sentido mejor, estuviera contento con una novia, mi capacidad creativa hubiese aumentado y mis postergaciones disminuido, por supuesto, estaría muy contento y se le reconocería, pero "¿cómo puedo estar agradecido si sigo igual?", cosa que, noté, le cayó de la patada.
De hecho, por algunos momentos, llegué a sentirme como un miserable; es decir, en pensar en la posibilidad de que tal vez yo era un ingrato de lo peor sobre esta faz de la tierra.
Yo ya no frecuento más a ese terapeuta, de hecho he llegado a pensar que era una persona tóxica para mí. Me pareció muy injusto eso de "...pero es que no tengo por qué ayudarte a entronizarte ante el otro"; de hecho, me pareció una verdadera traición.
Como se lo dije en algunas oportunidades, "únicamente tú te crees esa historia que tanto pregonas de que eres neutral".
Por supuesto, mi posición es la que dije: me parece injusto haber ido a terapia, no obtener resultados y que, además, se me lanzaran dardos de que yo debía agradecer el "tratamiento" recibido.
Al principio empecé a escribirte esto sin saber bien por qué, ahora se aclara más el motivo. Tal vez el dolor y el daño persisten. Pedro, ¿realmente soy un tipo tan miserable?, ¿realmente yo debía una gratitud y no agradecí?, ¿estoy tan equivocado?
Por supuesto que, como en esa época, tuve y tengo posiciones claras y firmes, pero a veces dudo, a veces me siento muy mal.
De modo que me abrí a ti en lugar de encerrarme en un "yo tengo la razón y punto". Tal vez estoy abriendo una puerta para agradecerte algo luego porque te estoy pidiendo por favor ayuda en esta maraña de ideas y sentires.
Gracias por tu tiempo
Saludos

Querido amigo,

No puedo menos que estar agradecido. Tu carta es muy lúcida y sintónica con el espíritu de mi pequeño artículo. Me haces acordar de un incidente que me ayudó mucho. Mi primer terapeuta, con el que fui durante cuatro años, era el colmo de infractor a la técnica: me supervisaba, me invitaba al fútbol, me hacía regalos… Con todas estas infracciones, él llenaba sus propios vacíos más que los míos. Sin embargo, me fue muy útil. Al final, me permitió resolver un problema: yo nunca pude pelear con mi padre (se había muerto ya y era motivo de mi desestabilización) y cuando este terapeuta me reclamó ingratitud por no ir corriendo donde él a compartir un logro personal, pude mandarlo a la mierda… Me fue muy útil. Creo que he dejado después a analistas que eran “tetas secas” y encontrado personas que resuenan con uno sin perder límites… de todo. No tomes como modelo esa experiencia que has vivido. Sigue explorando, desarrolla esa gratitud contigo mismo por insistir en encontrarte. Suerte.

Nuevamente, gracias por compartir.

Hola Pedro,
recibí tu respuesta sobre mi carta en la que te hablé sobre un ex-psicoanlista y sus demandas de gratitud que realmente eran más para satisfacer sus gustos que los míos.
Quiero agradecerte públicamente el haberla respondido tan rapidamente y por haber compartido con nosotros una experiencia personal tuya con tu primer psicoanalista.
Saludos






No hay comentarios: