lunes

2010/02/19 El hombre de mi vida

Hola, buenas noches.
Pronto contraeré matrimonio con el hombre de mi vida, sin embargo mi padre hace comentarios como "para qué casarse por la iglesia", "los curas son mentirosos" y "ya para qué si ya estuviste con él". Es tan egoísta que no puede pensar que está arruinando mi ilusión y que empieza a generar resentimientos dentro de mí.  Nunca nos hemos llevado del todo bien, no soporto su carácter y manera de pensar, qué puedo hacer para evitar dejar nacer malos sentimientos en mi corazón hacía mi padre.
Gracias

Estimada amiga:

Lo que parece que está ocurriendo es que el anterior “hombre de su vida” (papá) siente que está perdiendo a su princesa preferida, a su prenda más preciada.

Por su lado, usted está reaccionando justamente como si le prometiera que nunca lo va a olvidar, pero de esa forma no tan sutil de ligarse para siempre, como es quedarse resentida. 

En mi país, Perú, hay un vals que alude a esta circunstancia. En algunos de sus pasajes, dice:

Ódiame por piedad, yo te lo pido
Ódiame sin medida ni clemencia
Odio quiero más que indiferencia
Porque el rencor hiere menos que el olvido

El resentimiento es un heroico esfuerzo por mantener la relación, integrando de manera soterrada el dolor y la rabia que se originan por la despedida. Esto vale para los dos, para usted y su padre.

Es posible que ustedes nunca se hayan tratado como lo menciono, por lo menos no en lo formal. Podrían haberse mostrado más bien hoscos y tirantes, nada que ver con historias de príncipes y princesas… Sin embargo, afectos no expresados aparecen en algún momento y hacen su reclamo a la hora de la separación.

El ahora “hombre de su vida” corre el riesgo de ser ubicado en un lugar idealizado. Es prudente ir aterrizando a la condición humana corriente: nadie es perfecto y más vale que nos preparemos para ir resolviendo los errores o tolerando algunos defectos que irán apareciendo en el futuro.

Cuando una pareja ha sido muy idealizada, las reacciones al desencanto pueden terminar furiosamente con la convivencia o derivar en sometimientos melancólicos que convierten en un suplicio la relación.  Hay que tomarse un tiempo para conocerse bien a uno mismo y, por supuesto, a nuestro compañero elegido. Hay que ver si podemos llegar a un diálogo elástico, sensible, de mutua disposición, de manera que podamos ir construyendo un “nosotros” consistente, que nos proteja de nuestras respectivas subjetividades, que tantas veces nos llevan a hacer lecturas desproporcionadas respecto a lo que nos ofende de las expresiones del otro.

Si está vulnerable frente a las puyas de papá, es que le está costando separarse de él. Esperemos que no sea ésta una manera de reafirmarse en lo buena que es su pareja. Cuídese del riesgo de que este resentimiento hacia su padre la lleve a idealizar al nuevo "hombre de su vida". 

Suerte,

Dr. Pedro Morales

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