lunes

2015 08 10 Extraño a mi acosador...

Estimado Doctor Morales, le escribo en relación a un problema que se me hace bastante extraño y a unos deseos que nacen en mí, lo cuáles soy completamente incapaz de explicar.
El curso pasado uno de mis profesores se obsesionó conmigo. Durante todo el año me intimidaba en clase, se metía conmigo y me humillaba. Y al mismo tiempo, muy sutilmente se me insinuaba y en fin, mostró un interés bastante inapropiado en que yo fuera al viaje de fin de curso (me dijo que si iba podría "dormir" con él), también se las arregló para averiguar mi número de teléfono y escribirme... pero siempre haciendo que todo pareciera inocente e incluso llegaba a poner a la clase en mi contra desacreditándome públicamente alegando que él no había dicho nada escandaloso (no era lo que decía si no como lo decía) y al mismo tiempo me tachaba a mí de manipuladora, sacaba todo de contexto e invertía los papeles.
Ese hombre me lo hizo pasar verdaderamente mal y estuve a punto de dejar los estudios. Todo el mundo me dijo que le denunciara pero la justicia en mi país es muy lenta y siendo la alumna yo tenía todas las de perder. Además, como era mi último curso decidí que por un año de valía la pena. Actualmente he terminado mis estudios y me he librado de él para siempre... si yo quiero.
Él no se ha vuelto a poner en contacto conmigo y no he vuelto a verle. Esto debería hacerme sentir feliz y aliviada pero por el contrario ahora tengo ganas de iniciar una aventura con él. O no de tener nada ni sexual ni romántico pero sí que quisiera, ahora que estamos en igualdad de condiciones jugar con él, nada más. No sé si llegaría a acostarme con él, probablemente en el fondo me siga dando demasiado asco pero no puedo evitar tener ganas de verle, de que me escriba, de coquetear... ¿a qué se deben estos sentimientos? Soy incapaz de entender por qué ocurre. Por supuesto sé, mi parte racional sabe que ese individuo es tóxico y peligroso y al ser una mujer predominantemente mental he seguido mi sentido común y no me he puesto en contacto con él ni insinuado de ninguna manera. Pero me cuesta horrores aguantarme las ganas.
Él es un cobarde y ahora que somos iguales en fuerzas y no puede extorsionarme ni asustarme se esconde de mí y de todo el que pueda acusarle de haber estado obsesionado conmigo. De hecho, por su culpa tuve varios ataques de ansiedad y ya hacia el final del curso paró de acosarme debido a mis faltas a clase por problemas de salud. Los cuales sin saber él (al menos directamente) en qué consistían asoció a que eran por su culpa. Anda que no es tonto el tío, ¿eh?
En definitiva, no sé por qué ahora albergo esos deseos y necesito que al menos trate de proporcionarme una respuesta o pautas para hallarla yo misma.
Un saludo.


Estimada amiga:

¡Qué prolija tu redacción!  Me encantó… y no es un piropo seductor, es un reconocimiento de que tienes tu atractivo.
Creo que algo te ata al seductor-acosador sobre la base del juego que han compartido y que es posible que haya gratificado –sin que te percates de ello- necesidades de un orden inconsciente, como, por ejemplo, sentirte la preferida de la clase, la elegida por encima de la competencia, sin que seas consciente de ello. 

Debe haber sido un ejercicio simultáneo, un juego mutuo de seducción y, a la vez, una circunstancia en que había que reprimirse, en particular tú. En algún nivel de tu interior se enciende la mechita de la excitación, pero debe ser apagada en su nivel erótico y todo queda puesto en el escenario de una pugna de poder, en el que sientes que tienes las de perder y juegas a pelear, perder y hacer de víctima.

Me parece fascinante que ahora, ya fuera de ese escenario, en un orden de paridad, te plantees el reto de elaborar lo que quedó pendiente, sin el chirrido de los frenos pero sí con la confianza en que puedes aclararte (por eso me consultas) el sentido de tu búsqueda en el encuentro con tu “cobarde” acosador. 

Creo que hay dos niveles en juego: en primer lugar, el de la mujer que emerge en su expresión más natural, en particular si el tío tiene algún atractivo físico deseable… Entonces, “sacarse el clavo”, como decimos acá, sería dar curso a lo que se deslizaba por lo bajo de esta convocatoria a la que ahora puedes darte cuenta que no eras ajena.

El otro “clavo” que parece quedar como pendiente es el de un juego de fuerzas, que tiene más sabor a desquite, venganza.  Lo asocias con cobardía y asco. Por allí, quizás, venga un ánimo de sentir que puedes más que él, que eres más fuerte… y, de repente, ridiculizarlo, como te sentiste que hizo él contigo  en algún momento en clase.

Creo que "el clavo contigo misma" viene por el lado de integrar esa racionalidad que exhibes y tus emociones y sentimientos eróticos. El hecho de que él sea un profesor, de manera natural lo ubica en el punto más asociable con una figura de padre – autoridad, pero, también, es el primer objeto de nuestros sentimientos eróticos (papá). En tanto así, tener algo con él puede suponer algo que más se parece a una realización infantil que a una resolución adulta, liberadora, la que supondría el rescatar a la mujer que es capaz de excitarse con personas que no estén tan asociables con la conflictiva infantil.

Reconocer tus propios deseos y posibilidades de seducir a alguien elegible por otras razones tiene más visos de liberación que ir a buscar al acosador… No deja de ser tentador, sin embargo, pero eres tú la que tendrá que elegir qué hacer. De repente, esto ha sido útil hasta aquí, para ayudarte a encontrar estos aspectos de ti misma. Si lo ves así, hasta se le puede agradecer… Pero, es cierto que se posiciona desde el uso del poder… lo cual no lo hace elegible desde el lado más adulto. La opción de actuarlo con él, luce más como un “síndrome de “Estocolmo”, como un enamoramiento del torturador.

Dale, ésta es tu oportunidad de liberar tu naturaleza y conducir tus emociones por la senda de lo constructivo y edificante para tu vida. Tienes mucho de encantador y quizás debas perdonarle el haber caído en las redes de tus encantos de la manera inadecuada en que lo hizo... Pero otros hay que pueden mirarte… si te dejas, desde otro tipo de interacción más saludable, conectados con lo mejor de ti.

Bueno… mira que me has estimulado con tu consulta… Caes bien, confía en eso, no dependas de que tengan que acosarte… ¡tú eliges!


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