lunes

2009/09/30 Su hija y mi hijo se enamoraron


Mi pareja tiene una hija de 14 años y yo un hijo de 17. Hace poco, la hija de mi pareja (que estaba deprimida y hasta había intentado suicidarse) vino a vivir con nosotros. Poco tiempo después nuestros hijos se enamoraron. Mi pareja no acepta este enamoramiento y ha perdonado a su hija pero lo trata a mi hijo como culpable. Yo trato de hacer razonar a este papá celoso, cerrado y cegado y por otro lado trato de proteger a mi hijo, quiero que siga siendo bueno, con valores y respetuoso (cosa por las que en los últimos años me han felicitado en el colegio). No quiero que se vaya a ver tan afectado, que esto le cree algún tipo de resentimiento… Hoy se siente impotente y sufre.

Estimada María:

Gracias por consultar, gracias por compartir este problema tan humano. Me parece que está haciendo usted lo razonable. Es obvio que, no siendo hermanos de sangre, no habría otro impedimento que el de cualquier otro emparejamiento. Siendo ella una adolescente deprimida, es muy riesgoso entrar a oponerse. Lo único que se logra de esta manera es que se aferren más. No se olviden que Romeo y Julieta eran adolescentes. Lo peor es que puedan sentirse víctimas reprimidas por aquellos que “no los comprenden”.

Es evidente que el padre no está viendo las cosas con mirada amplia. A veces es porque uno se asusta y no sabe qué hacer, pero luego viene la calma y se van aceptando las circunstancias.

Hay que preguntarse si la depresión de esta hija no deriva de un desentendimiento o de un desencuentro anterior. Si es así, entonces, ésta es una oportunidad para resolver lo que antes no se pudo.  Hay que hablar, negociar, pero siempre teniendo en cuenta los deseos y necesidades de la parejita. Sólo así, me parece, sería viable que acepten algunos consejos y reglas con los que se puedan comprometer.

Es una situación complicada, pero también es una oportunidad para que ustedes, padres, se acerquen sin temor. Las parejas se hacen sólidas en la medida que no se tienen temor ni predomina la imposición. Sólo con una razón compartida es viable el vínculo duradero. Es también una prueba para ustedes. Si no pueden resolver las cosas por sí mismos, acudan a un psicoterapeuta familiar.

¡Suerte!

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