lunes

2012/09/04 Cuando negamos el problema


Doctor, le escribo porque estoy preocupado por mi hijo de 19 años que está internado en un centro terapéutico, al que tuvimos que llevarlo a la fuerza, con ayuda de la policía, porque no podíamos controlarlo, hacía lo que quería, se desaparecía, sin obedecernos en lo más mínimo.
Lo que pasó es que se estuvo juntando con gente de malas costumbres. Ellos ejercieron una mala influencia sobre él, haciendo que consumiera licor, marihuana y después cocaína. Todos los días llegaba a casa bebido y en mal estado. Cada día notábamos que estaba peor pero él decía que no nos preocupáramos, que se iba a portar bien, que ésa era la última vez. Pero no fue así. Siguió frecuentando a esta mala gente cada vez más y se echó a perder, se malogró, porque él, en sí, es de buena naturaleza, es un buen chico al que le hemos tratado de inculcar buenas costumbres y le hemos dado buena educación.
Desde pequeño, eso sí, tenía arranques de cólera y caprichos. Rompía las cosas y le daban pataletas. Rompía incluso sus propios juguetes. Creo que lo engreímos mucho, fue muy consentido, pero eso fue en el pasado. A los seis años, cuando su mamá salió embarazada de nuestro segundo hijo, lo mandamos a estudiar a Estados Unidos, donde vive mi hermana, quien se encargó de él. Ella nos lo mandó de regreso al Perú cuando cumplió 17 años porque notó que estaba en malas compañías y empezando a portarse mal. No iba a clases y no completó la secundaria. Lo llevaron preso allá por el robo de un celular y otra vez por el robo en un supermercado. Allá la policía es muy estricta pero como eran robos de menor cuantía y él era menor de edad estuvo preso poco tiempo menos mal.
Yo, al comienzo, no le di mucha importancia pensando que eran exageraciones de mi hermana porque yo mismo, de joven, también tomaba mucho, incluso en los primeros años de matrimonio. Ahora me arrepiento porque me doy cuenta de que le di muy mal ejemplo, ya que muchas veces, cuando venían mis amigos, tomábamos mucho y él nos veía ebrios.
Cuando regresó a Lima, al poco tiempo nos dimos cuenta de que empezó a llevarse cosas de la casa. Desaparecieron mi reloj, joyitas de su mamá, fuentes de plata, dinero, etc. Un día lo enfrenté diciéndole que sabíamos que él era el que estaba llevándose las cosas y me dijo que era porque yo no le daba dinero para sus gastos y que él necesitaba divertirse como cualquier otro joven y que tenía que pagar la entrada a las discotecas, las bebidas que consumía con sus amigos, etc.
No quería ni estudiar ni trabajar. Desde entonces, empezamos a vivir muy preocupados, asustados, controlándolo, viendo qué se podía haber llevado y esto empeoraba las cosas y vivíamos todos estresados, incluyendo a mis cuatro hijos menores, para quienes era un mal ejemplo y a quienes trataba mal, sin tenernos ninguna consideración tampoco ni a su mamá ni a mí. Todos nos sentíamos enfermos, esperando que hiciera cualquier barbaridad y que viniera a buscarlo la policía. A veces, desaparecía por días.
Nos costó mucho tomar la decisión pero hace un mes decidimos internarlo en un centro terapéutico. Ahora vivimos más tranquilos, porque lo están tratando. Por ahora no nos dejan verlo pero sí vamos a charlas especiales para los padres de adictos cada semana. Estamos aprendiendo mucho sobre cómo la relación de pareja y el comportamiento de los padres pueden influir tanto sobre los niños.
Me preocupa cuánto tiempo va a seguir encerrado, cuánto tiempo va a necesitar hasta que se cure. Yo no creo que él ya sea realmente un adicto y pienso que lo hemos internado justo a tiempo. Pero me preocupa que donde está internado hay gente que lleva ya años ahí.
Doctor, ¿cree usted que su comportamiento es debido a algo psiquiátrico, a una baja autoestima? ¿Se podrá rehabilitar rápido? Es que es muy joven y tiene todo un futuro por delante. Me da miedo que lo tengan encerrado mucho tiempo sin hacer nada. ¿Qué me aconseja? ¿Lo dejo en el centro terapéutico?


Estimado amigo:

Su carta da la impresión de que no estuviera de acuerdo con la necesidad de internamiento. “Estar encerrado” dice usted varias veces (no es lo mismo que si dijera “está internado…”). Luego, atribuye las causales, bastante a “las malas juntas”, como si nuestro muchacho no tuviera ya un largo historial de comportamiento impulsivo.

No sé si tenga una adicción. Si la tuviera, corresponde un tratamiento largo de internación, fármacos y psicoterapia conductual. Lo que sí es evidente es que tiene problemas de personalidad que no se reducen a un problema de autoestima; hay comportamiento antisocial y un notorio problema de control de impulsos.

Desde ya, sugiero que no siga con el engreimiento con el que dice que lo han criado. En las familias se forman lazos que se llaman de co-adicción, que favorecen el que estas tendencias prosperen.

Su hijo necesita una evaluación profesional de un psiquiatra con experiencia. Que evalúen bien el caso… y siga usted las indicaciones que le hagan. Insisto, no caiga en la negación. Ya una persona a los 15 años puede ser adicta.

Sugiero que consulte con el Dr. Alberto Fernández (2436111), que es un excelente profesional.

Que todo le vaya bien.

Dr. Pedro Morales



1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenas, Dr. Morales. Soy un chico español que lleva bastante tiempo interesado (con profundidad) en el tema del psicoanálisis y, en especial, en la interpretación de los sueños. Me complacería hacerle una pregunta que, según he observado, causa desconcierto en otros blogs.

Mi cuestión sería la siguiente: si damos por hecho que la freudiana hipótesis de que "el sueño es una realización de deseos" no es del todo cierta, dígame, ¿qué porcentaje de sueños son interpretables partiendo de ella? ¿Y cuál sería la teoría más recomendable para orientar nuestro análisis?
Gracias por adelantado.