Buenas tardes doctor, Soy una mujer casada por 9 años, con una niña de 6 y con 4 meses de embarazo. Quisiera preguntarle sobre mi esposo, quien me parece tener un trastorno obsesivo compulsivo, (todo en casa tiene que estar en excesivo orden y limpieza, desinfectado, etc), quien tiene episodios de ira incontrolable que estallan por cualquier cosa. No se como manejar la situacion con el, empieza a ser muy agresivo con su tono de voz conmigo y con mi hija, desquita su ira maltratando a nuestro perro y la verdad es que estoy muy asustada al respecto. Se que tiene presiones en su trabajo, que nos mudamos de ciudad hace casi un año y el cambio ha sido dificil, yo estoy en cama por tener un embarazo de alto riesgo y siento que todo esto altera mucho a mi esposo. El dice sentirse bien consigo mismo y que todo lo hace bien por nuestro bienestar y que nosotras no apreciamos lo que el hace por nosotras. Su agresividad no es nueva, si no de años atras, pero aumenta con el paso de los dias... hay algo que pueda hacer o que me oriente a mi para ayudarlo o ayudarme a mi y a mi familia? Gracias, ME.
Estimada señora:
Plantea usted un problema muy difícil, más que nada porque se encuentra en esa franja de “normalidad” que es a la que apela su esposo para explicar las cosas. “Lo hago por ustedes…” Sin embargo, es más que evidente el problema de irritabilidad y la saturación que le ha provocado el estrés.
Todo lo que usted aduce, en el intento de entender lo que le pasa, es válido. Debe estar pasando por una situación de estrés excesivo, a lo que se suma su embarazo complicado. Pero, entender no necesariamente implica aceptar o tolerar. Hay un ambiente nefasto para el desarrollo de la familia, además, para el producto de su embarazo. Ese niño mostrará huellas de la tensión en que está viviendo.
Parte importante de la solución es no paralizarse por el miedo, poder abordar el tema sin generar un enfrentamiento. Ayuda mucho el que usted pierda el miedo, parece mentira, pero más miedo le tiene usted y más irritable se puede tornar su marido. Su esposo necesita ayuda, lo difícil es que él lo acepte.
Una vez sacudida del temor, encuentre un momento para conversar. Cuéntele que ha consultado con un especialista y que hay un alto riesgo de que toda la familia se afecte con esta tensión, de seguir las cosas como están. Una consulta con un psiquiatra lo podría orientar a darse cuenta del nivel de estrés o angustia en el que se encuentra. Mientras tanto, usted, procure mantenerse serena. No pierda de vista que está en un momento en que necesita que la cuiden y la apoyen. De repente es posible que la acompañe alguien de su entorno cercano.
Suerte
CONSULTA EN LÍNEA Este espacio lo estamos abriendo para quienes necesiten hacer consultas sobre problemas psicológicos, síntomas, trastornos en la comunicación o en las relaciones con los demás, problemas sexuales, de pareja, de familia, etc. La idea es no ser muy extensos en las consultas. Anticipamos que la respuesta pretende fundamentalmente comprender y orientar.
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viernes
2010/04/12 Más turbado que confundido
Estimado Doctor, primero que nada agradezco su tiempo y su dedicación para con este blog que por lo que e visto a ayudado a mas de uno.
Bueno ahora mi problema, soy un joven de 19 y la verdad es que tengo un serio problema con la masturbación, aproximadamente desde los 12 años e estado masturbándome continuamente, no e durado mas de dos semanas sin sentir el deseo de querer darme placer y la verdad siento que ya me esta afectando tanto en los estudios como en mi vida social e intima pues no e tenido una relación amorosa en aproximadamente unos 4 años; y últimamente e notado en mi unos nervios extremos, pulso algo descontrolado, iras sin razón, mareos y depresiones que a decir verdad creo que son síntomas ocasionados por mi problema no estoy seguro no soy doctor como para afirmar eso.
Otra acotación importante que tengo que hacer es mi vicio a la pornografía que definitivamente esta vinculada a mi descontrolada forma de querer darme placer, e tratado de dejar estos vicios pero sin observar resultados positivos.
Quisiera saber como puedo recuperar el autocontrol de mi mismo para librarme de estos malos vicios; por favor necesito su ayuda.
de antemano LE AGRADESCO MUCHO LA AYUDA.
Estimado amigo,
Este momento de tu vida supone la plenitud de tu persona, esa fuerza con la que la juventud empieza a explorar un mundo al que tiene que adaptarse, a la vez que configurar. Es el momento de perfilar los propios anhelos, de hacer una negociación en la que la resultante deseable sea que el interesado se encuentre a satisfacción con sus logros.
Es evidente que no estás obteniendo satisfacción, sólo obtienes placer. Más aún, la necesidad creciente de placer va generando un conflicto y una suerte de obsesión sexual que va poblando tu mundo.
Mi querido amigo, necesitas ayuda. Esta consulta es un primer paso. Hay algo, que no es necesariamente del orden sexual, que te está perturbando.
Estos síntomas (“vicios”, como los llamas) funcionan como un distractor, como algo que atrapa tu atención porque, de otra manera, tendrías que enfrentarte… a sabe Dios qué.
Los síntomas, sin embargo, tienen la misión de llamarnos la atención, nos avisan que algo no anda bien, que algo está fuera de control. Si no les prestamos atención a tiempo, el riesgo es que el síntoma crezca, como ya te está pasando.
Esto no tiene nada que ver con la masturbación. La masturbación es el escape. Hay que examinar el mapa general de tu vida para entender cabalmente qué te está pasando.
Creo que la primera consulta tendría que ser con un psiquiatra. Hay que construir un diagnóstico y, según eso, ver de qué manera se te puede ayudar, qué tratamiento podría ser el más adecuado.
Sería un error no consultar. Estás en el comienzo del resto de tu vida, por lo que es necesario consolidar tus fortalezas y resolver las posibles debilidades que interfieren en tu equilibrio emocional y en el normal desempeño en las tareas propias de tu edad.
Bueno ahora mi problema, soy un joven de 19 y la verdad es que tengo un serio problema con la masturbación, aproximadamente desde los 12 años e estado masturbándome continuamente, no e durado mas de dos semanas sin sentir el deseo de querer darme placer y la verdad siento que ya me esta afectando tanto en los estudios como en mi vida social e intima pues no e tenido una relación amorosa en aproximadamente unos 4 años; y últimamente e notado en mi unos nervios extremos, pulso algo descontrolado, iras sin razón, mareos y depresiones que a decir verdad creo que son síntomas ocasionados por mi problema no estoy seguro no soy doctor como para afirmar eso.
Otra acotación importante que tengo que hacer es mi vicio a la pornografía que definitivamente esta vinculada a mi descontrolada forma de querer darme placer, e tratado de dejar estos vicios pero sin observar resultados positivos.
Quisiera saber como puedo recuperar el autocontrol de mi mismo para librarme de estos malos vicios; por favor necesito su ayuda.
de antemano LE AGRADESCO MUCHO LA AYUDA.
Estimado amigo,
Este momento de tu vida supone la plenitud de tu persona, esa fuerza con la que la juventud empieza a explorar un mundo al que tiene que adaptarse, a la vez que configurar. Es el momento de perfilar los propios anhelos, de hacer una negociación en la que la resultante deseable sea que el interesado se encuentre a satisfacción con sus logros.
Es evidente que no estás obteniendo satisfacción, sólo obtienes placer. Más aún, la necesidad creciente de placer va generando un conflicto y una suerte de obsesión sexual que va poblando tu mundo.
Mi querido amigo, necesitas ayuda. Esta consulta es un primer paso. Hay algo, que no es necesariamente del orden sexual, que te está perturbando.
Estos síntomas (“vicios”, como los llamas) funcionan como un distractor, como algo que atrapa tu atención porque, de otra manera, tendrías que enfrentarte… a sabe Dios qué.
Los síntomas, sin embargo, tienen la misión de llamarnos la atención, nos avisan que algo no anda bien, que algo está fuera de control. Si no les prestamos atención a tiempo, el riesgo es que el síntoma crezca, como ya te está pasando.
Esto no tiene nada que ver con la masturbación. La masturbación es el escape. Hay que examinar el mapa general de tu vida para entender cabalmente qué te está pasando.
Creo que la primera consulta tendría que ser con un psiquiatra. Hay que construir un diagnóstico y, según eso, ver de qué manera se te puede ayudar, qué tratamiento podría ser el más adecuado.
Sería un error no consultar. Estás en el comienzo del resto de tu vida, por lo que es necesario consolidar tus fortalezas y resolver las posibles debilidades que interfieren en tu equilibrio emocional y en el normal desempeño en las tareas propias de tu edad.
2010/03/01 Más me pegas, más te quiero
hola,tengo un problema con mi pareja el es de un caracter demaciado fuerte discutimos mucho por cualquier cosa y el me agrede verbalmente solo que hace unas semanas atras el me dio una cachetada no fue fuerte pero la intencion es la que cuenta. yo no le tengo miedo y si el me agrede verbal yo no me dejo tambien le contesto pero aveses me detengo por que tengo una nina de 2 anos y no quiero seguir los problemas. ahora mi duda es sera que nesesitamos ayuda profecional los 2 o solo el,yo pienso que el es asi por que hace 13 anos atras el consumia drogas y pienso que eso le afecto por eso biene lo de su mal carcter pero no estoy segura sera que eso se puede curar,sera que si el resive ayuda profecional puede llegar hacer un buen marido? por que cuando el esta bien el me dice que me agrede por que de el siente que sale una fuerza mayor que el y en el momento de furia disfruta decirme de cosas se siente bien pero cuando ya todo esta tranquilo el se arrepiente y no sabe como remediarloasi que porfavor ayudenme!
Respuesta:
Un dicho de la serranía de mi país (Perú) dice así: “más me pegas, más te quiero” . Como si el “aderezo” de la agresión fuera una demostración indispensable del amor en mis paisanos. Lo cierto, lo corriente, es que la agresión prevalezca en la relación de pareja como una manera de ejercer dominio, de someter física o emocionalmente al otro.
Es frecuente observar que estas características de relación se establecen con facilidad entre quienes han crecido en un contexto de agresión y han recibido maltrato o abandono infantil. Forma parte de una forma de apego que llamamos “ambivalente”. Suelen ser intolerantes a la frustración, un poco a la manera de los que conocemos como “engreídos”, que creen que se merecen todo y nada es suficiente. Sus reacciones pueden llegar a ser violentas cuando la persona se siente desatendida o no querida, lo cual es más bien frecuente, ya que es usual que sometan constantemente a sus parejas a “pruebas de amor” que nunca los terminan de convencer. Se manejan en la vida con una desconfianza que no cede, que cada tanto se reactiva y crece en el tiempo. Uno de los errores frecuentes de las parejas consiste en tratar de cambiarlos, sentir que con nuestro gran amor y un poco de esfuerzo las cosas serán diferentes.
La necesidad de compañía pone lo suyo, las personas se juntan para llenar sus vacíos de soledad y los que suelen hacer que entre ellos se tolere más la agresión, el límite recién llega cuando alguno de los dos, o los dos se hacen demasiado daño.
Resolver el problema tiene que partir de reconocer que cada quien tiene que solucionar lo propio. Ninguna relación debe partir de la expectativa de que el otro cambie. Las cosas son como son. No es que no puedan cambiar, pero eso depende de que cada persona quiera y busque el cambio (no basta con querer).
El caso que usted nos refiere, parece contar con un elemento favorable. Dice que él se arrepiente o tiene culpa. Tiene conciencia de que no puede controlarse por sí mismo. Es un momento apropiado para pedir ayuda. Una evaluación de su caso (el de ambos, mejor) dirá cual es la conducta a seguir. Pudiera ser necesaria una combinación de medicamentos con psicoterapia. Acudan a un centro de atención psicológica o busquen ayuda donde un psiquiatra que haga también psicoterapia.
Soportar en exceso el maltrato es sinónimo de una pobre autoestima y no es la mejor imagen para el desarrollo de su niña.
Tiene que poner punto a estas formas de relación, este comentario va por aquello de que usted responde con agresión a las agresiones de su pareja.
La agresión no es buena, provenga de donde provenga, no solo la agresión física, los insultos pueden ser nefastos, son explosiones de afectos negativos que minan la autoestima de todos.
Respuesta:
Un dicho de la serranía de mi país (Perú) dice así: “más me pegas, más te quiero” . Como si el “aderezo” de la agresión fuera una demostración indispensable del amor en mis paisanos. Lo cierto, lo corriente, es que la agresión prevalezca en la relación de pareja como una manera de ejercer dominio, de someter física o emocionalmente al otro.
Es frecuente observar que estas características de relación se establecen con facilidad entre quienes han crecido en un contexto de agresión y han recibido maltrato o abandono infantil. Forma parte de una forma de apego que llamamos “ambivalente”. Suelen ser intolerantes a la frustración, un poco a la manera de los que conocemos como “engreídos”, que creen que se merecen todo y nada es suficiente. Sus reacciones pueden llegar a ser violentas cuando la persona se siente desatendida o no querida, lo cual es más bien frecuente, ya que es usual que sometan constantemente a sus parejas a “pruebas de amor” que nunca los terminan de convencer. Se manejan en la vida con una desconfianza que no cede, que cada tanto se reactiva y crece en el tiempo. Uno de los errores frecuentes de las parejas consiste en tratar de cambiarlos, sentir que con nuestro gran amor y un poco de esfuerzo las cosas serán diferentes.
La necesidad de compañía pone lo suyo, las personas se juntan para llenar sus vacíos de soledad y los que suelen hacer que entre ellos se tolere más la agresión, el límite recién llega cuando alguno de los dos, o los dos se hacen demasiado daño.
Resolver el problema tiene que partir de reconocer que cada quien tiene que solucionar lo propio. Ninguna relación debe partir de la expectativa de que el otro cambie. Las cosas son como son. No es que no puedan cambiar, pero eso depende de que cada persona quiera y busque el cambio (no basta con querer).
El caso que usted nos refiere, parece contar con un elemento favorable. Dice que él se arrepiente o tiene culpa. Tiene conciencia de que no puede controlarse por sí mismo. Es un momento apropiado para pedir ayuda. Una evaluación de su caso (el de ambos, mejor) dirá cual es la conducta a seguir. Pudiera ser necesaria una combinación de medicamentos con psicoterapia. Acudan a un centro de atención psicológica o busquen ayuda donde un psiquiatra que haga también psicoterapia.
Soportar en exceso el maltrato es sinónimo de una pobre autoestima y no es la mejor imagen para el desarrollo de su niña.
Tiene que poner punto a estas formas de relación, este comentario va por aquello de que usted responde con agresión a las agresiones de su pareja.
La agresión no es buena, provenga de donde provenga, no solo la agresión física, los insultos pueden ser nefastos, son explosiones de afectos negativos que minan la autoestima de todos.
2010/01/06 Alcoholismo y crisis
No sé qué hacer con mi vida, tengo mala bebida, y cada vez que tomo no puedo controlarme, me enciendo cuando mi esposa me habla, vivo con el fantasma de la duda si ella me ha sido infiel. Llevo la frustración de no conocer a mi padre, soy agresivo, me dan miedo los riesgos a comprar un carro nuevo o a cambiar de vida. Creo que ya destruí a mi familia.
Gracias por la consulta porque nos permite responderle tanto a usted como a muchísima gente que está pasando por trances como el suyo, pero que no se animan a consultar y, menos aún, logran entender y encaminar su vida hacia la salud.
Es posible que lo que le está ocurriendo, como usted ya nos adelanta, tenga que ver con esa ausencia de padre en la infancia, que le ha dejado una suerte de huella traumática, marcada en el fuego de la incertidumbre, del dolor y de la rabia. Esto lo lleva a una dificultad para disfrutar, para ser feliz, mientras la herida no se cierre.
Cuando una cosa así ocurre, solemos, directa o indirectamente, causar dolor o sufrimiento a nuestros seres queridos. Tenga en cuenta que una de las mayores fuentes de dolor en la familia proviene de la sensación terrible de no poder ayudarlo a usted.
Es difícil lograrlo pero, en algún momento, todos podrán entender que nadie sino usted mismo es quien puede ayudarse a salir de la trampa en que se encuentra.
Una de las razones por las que surgen los celos es la inseguridad y el temor de que se nos vuelva a abandonar. Esto se puede convertir sintomáticamente en una obsesión incontrolable que, lamentablemente, incrementa la angustia, las necesidades de control y dominio (sometimiento) de nuestra pareja. Lo que en origen es afecto, búsqueda de ternura, de cariño, de atenciones, se convierte, así, en reclamos hostiles, censura implacable y en una escalada que consolida paulatinamente una modalidad de vínculo resentido.
Ha apelado usted al alcoholismo. Suele ser que uno busca con ello calmar los dolores del alma. Sin embargo, está hartamente constatado que el resultado es el mismo que echarle gasolina al fuego: los dolores se profundizan y las fuerzas más razonables y coherentes que pudieran orientarnos hacia una salida saludable se van perdiendo. Al final, uno queda atrapado por lo que buscó como un medio para el alivio.
Felizmente, no importa el grado hasta el que uno haya descendido en el hoyo de la conflictiva personal no resuelta. Hay un momento, que algunos llaman “tocar fondo”, en el que se logra reconocer con más convicción que se requiere de ayuda, que uno solo no puede. Es entonces cuando empieza el camino del retorno, de la reconstrucción personal y del reencuentro con la vida.
En ese sentido, ayuda mucho el trabajo de los grupos de Alcohólicos Anónimos, descartar con un psiquiatra el grado de perturbación proveniente de trastornos en el afecto, como depresión, angustia, bipolaridad, etc.
Y, por qué no, suele ser una gran ayuda empezar un proceso de psicoterapia personal que contribuya a rescatar ese lado suyo que busca afecto y relación comprensiva con su familia y con usted mismo.
Gracias por la consulta porque nos permite responderle tanto a usted como a muchísima gente que está pasando por trances como el suyo, pero que no se animan a consultar y, menos aún, logran entender y encaminar su vida hacia la salud.
Es posible que lo que le está ocurriendo, como usted ya nos adelanta, tenga que ver con esa ausencia de padre en la infancia, que le ha dejado una suerte de huella traumática, marcada en el fuego de la incertidumbre, del dolor y de la rabia. Esto lo lleva a una dificultad para disfrutar, para ser feliz, mientras la herida no se cierre.
Cuando una cosa así ocurre, solemos, directa o indirectamente, causar dolor o sufrimiento a nuestros seres queridos. Tenga en cuenta que una de las mayores fuentes de dolor en la familia proviene de la sensación terrible de no poder ayudarlo a usted.
Es difícil lograrlo pero, en algún momento, todos podrán entender que nadie sino usted mismo es quien puede ayudarse a salir de la trampa en que se encuentra.
Una de las razones por las que surgen los celos es la inseguridad y el temor de que se nos vuelva a abandonar. Esto se puede convertir sintomáticamente en una obsesión incontrolable que, lamentablemente, incrementa la angustia, las necesidades de control y dominio (sometimiento) de nuestra pareja. Lo que en origen es afecto, búsqueda de ternura, de cariño, de atenciones, se convierte, así, en reclamos hostiles, censura implacable y en una escalada que consolida paulatinamente una modalidad de vínculo resentido.
Ha apelado usted al alcoholismo. Suele ser que uno busca con ello calmar los dolores del alma. Sin embargo, está hartamente constatado que el resultado es el mismo que echarle gasolina al fuego: los dolores se profundizan y las fuerzas más razonables y coherentes que pudieran orientarnos hacia una salida saludable se van perdiendo. Al final, uno queda atrapado por lo que buscó como un medio para el alivio.
Felizmente, no importa el grado hasta el que uno haya descendido en el hoyo de la conflictiva personal no resuelta. Hay un momento, que algunos llaman “tocar fondo”, en el que se logra reconocer con más convicción que se requiere de ayuda, que uno solo no puede. Es entonces cuando empieza el camino del retorno, de la reconstrucción personal y del reencuentro con la vida.
En ese sentido, ayuda mucho el trabajo de los grupos de Alcohólicos Anónimos, descartar con un psiquiatra el grado de perturbación proveniente de trastornos en el afecto, como depresión, angustia, bipolaridad, etc.
Y, por qué no, suele ser una gran ayuda empezar un proceso de psicoterapia personal que contribuya a rescatar ese lado suyo que busca afecto y relación comprensiva con su familia y con usted mismo.
2009/07/25 Relación tormentosa
Hola doctor,
Tengo un novio hace 6 años. Un día una chica me envió un mail diciéndome que él mantenía relaciones sexuales con ella y que él le había prometido no volver conmigo. Parece que la dejó pero me siento mal, siento que no confío en él. A veces, sin disimulo, cuando sale conmigo, mira fijamente y demasiado a las mujeres. Dice que deje mis celos.
El trabajaba en un hotel. Un día, que me dijo que se iba al trabajo. Llamé y me hice pasar por una clienta que quería rentar un cuarto. En el hotel me dijeron que él tenía el día libre. Luego, me llamó a las ocho de la noche diciéndome que iba para mi casa porque había salido temprano. Entonces, discutimos y nos dejamos.
Otro día mi hermana lo vio con otra chica agarrado de la mano. Él lo negó todo y rompimos de nuevo. A veces trato de quitármelo de encima. Un día me vengué, le hice lo mismo. Estuve con otro chico y él lo sabe, pero sigue ahí, persistente, llamándome, diciéndome que me quiere.
Va a casa constantemente y no puedo evitar caer en sus brazos porque lo quiero. Nos vemos casi todos los días, tenemos relaciones, pero no sé si tiene otra más como algunos hombres que son así.
¿Estará bien sentir celos de esta manera que me agobia el pensamiento queriendo saber qué estará haciendo? ¿Me querrá verdaderamente o estará jugando conmigo? No lo sé, pero lo que sé es que lo amo mucho.
Usted, ¿qué me aconseja hacer? Él dice que me ama, me regala cosas, me lleva al cine, salimos, nos vamos de viaje por una semana juntos… pero suelo pensar si tendrá otra.
Estimada amiga
Lo que voy a decir no tiene para nada que ver con un consejo sobre qué decidir respecto a su relación de pareja. Eso es tan delicado que sólo usted podrá hacerlo.
Intentaré alguna reflexión sobre este tipo de relación que aparece tan tormentosa y exaltada, pero que no deja de impulsarlos al reencuentro vehemente y apasionado. Se ha convertido en algo más parecido a una obsesión agridulce, ambivalente; amor y odio se entrelazan y confunden en alternancias que hacen que el fantasma de perderse el uno al otro los lleve nuevamente a un aferramiento exaltado que más pronto que tarde los amenaza con atraparlos y… nuevamente a mover el piso para que la distancia reaparezca.
Cuando se ama de esta manera el otro es odiado en simultáneo por el solo hecho de poder ser demasiado necesitado por uno. Se mueven pasiones muy primitivas en medio de las que resurgen fantasmas de viejos abandonos o motivos de inseguridad de nuestra infancia. Predomina el clima de sospecha, de necesidad de control, de posesividad y el sentimiento de que nos van a engañar o de que, una vez más, aparecerá alguien más importante.
Son relaciones tormentosas que no van a modificarse salvo que alguno de los dos o ambos decidan hacerse un espacio y entrar en una psicoterapia que los prepare mejor para llevar adelante un vínculo de pareja, con más garantías de seguridad, pero basadas en una mejor autoestima , respeto por el otro y un mejor control de impulsos.
Tengo la impresión de que les falta madurar personalmente, individualmente. La idea de una psicoterapia tendría que ver con la aspiración de ser mejores como individuos, no pensando en que lo hacen para adaptarse al otro o para que los quieran más.
En principio está el lograr conocerse mejor y quererse uno mismo. Todo va mejor si uno vive en armonía consigo mismo y se tiene un buen aprecio, cuando sabe lo que vale y es digno de sí. Si eso se logra, por extensión natural, uno va teniendo una mejor comprensión y respeto hacia el otro. Se llega, de esta manera, a saber y aceptar lo que el otro puede y lo que no, más allá de lo que quisiéramos que sea.
Tengo un novio hace 6 años. Un día una chica me envió un mail diciéndome que él mantenía relaciones sexuales con ella y que él le había prometido no volver conmigo. Parece que la dejó pero me siento mal, siento que no confío en él. A veces, sin disimulo, cuando sale conmigo, mira fijamente y demasiado a las mujeres. Dice que deje mis celos.
El trabajaba en un hotel. Un día, que me dijo que se iba al trabajo. Llamé y me hice pasar por una clienta que quería rentar un cuarto. En el hotel me dijeron que él tenía el día libre. Luego, me llamó a las ocho de la noche diciéndome que iba para mi casa porque había salido temprano. Entonces, discutimos y nos dejamos.
Otro día mi hermana lo vio con otra chica agarrado de la mano. Él lo negó todo y rompimos de nuevo. A veces trato de quitármelo de encima. Un día me vengué, le hice lo mismo. Estuve con otro chico y él lo sabe, pero sigue ahí, persistente, llamándome, diciéndome que me quiere.
Va a casa constantemente y no puedo evitar caer en sus brazos porque lo quiero. Nos vemos casi todos los días, tenemos relaciones, pero no sé si tiene otra más como algunos hombres que son así.
¿Estará bien sentir celos de esta manera que me agobia el pensamiento queriendo saber qué estará haciendo? ¿Me querrá verdaderamente o estará jugando conmigo? No lo sé, pero lo que sé es que lo amo mucho.
Usted, ¿qué me aconseja hacer? Él dice que me ama, me regala cosas, me lleva al cine, salimos, nos vamos de viaje por una semana juntos… pero suelo pensar si tendrá otra.
Estimada amiga
Lo que voy a decir no tiene para nada que ver con un consejo sobre qué decidir respecto a su relación de pareja. Eso es tan delicado que sólo usted podrá hacerlo.
Intentaré alguna reflexión sobre este tipo de relación que aparece tan tormentosa y exaltada, pero que no deja de impulsarlos al reencuentro vehemente y apasionado. Se ha convertido en algo más parecido a una obsesión agridulce, ambivalente; amor y odio se entrelazan y confunden en alternancias que hacen que el fantasma de perderse el uno al otro los lleve nuevamente a un aferramiento exaltado que más pronto que tarde los amenaza con atraparlos y… nuevamente a mover el piso para que la distancia reaparezca.
Cuando se ama de esta manera el otro es odiado en simultáneo por el solo hecho de poder ser demasiado necesitado por uno. Se mueven pasiones muy primitivas en medio de las que resurgen fantasmas de viejos abandonos o motivos de inseguridad de nuestra infancia. Predomina el clima de sospecha, de necesidad de control, de posesividad y el sentimiento de que nos van a engañar o de que, una vez más, aparecerá alguien más importante.
Son relaciones tormentosas que no van a modificarse salvo que alguno de los dos o ambos decidan hacerse un espacio y entrar en una psicoterapia que los prepare mejor para llevar adelante un vínculo de pareja, con más garantías de seguridad, pero basadas en una mejor autoestima , respeto por el otro y un mejor control de impulsos.
Tengo la impresión de que les falta madurar personalmente, individualmente. La idea de una psicoterapia tendría que ver con la aspiración de ser mejores como individuos, no pensando en que lo hacen para adaptarse al otro o para que los quieran más.
En principio está el lograr conocerse mejor y quererse uno mismo. Todo va mejor si uno vive en armonía consigo mismo y se tiene un buen aprecio, cuando sabe lo que vale y es digno de sí. Si eso se logra, por extensión natural, uno va teniendo una mejor comprensión y respeto hacia el otro. Se llega, de esta manera, a saber y aceptar lo que el otro puede y lo que no, más allá de lo que quisiéramos que sea.
2009/06/03 Comer compulsivamente
Por favor ayude a mi hija tiene 19 años y me pide ayuda a mi...no se como hacerlo... se le da por comer de todo y en cantidades, ella cree que siente un vacio en su vida que quiere llenar, lamenta que de niña nunca logró premios y reconocimientos a pesar de sus esfuerzos, otros lo lograban, se siente frustrada y con muy baja autoestima, lo mismo le pasa ahora en la universidad por más que se esfuerza...ayúdela... está engordando…
Estimada señora,
En principio, gracias por consultar. Acogemos su preocupación como una extensión de la que padece su hija. Ella pide también ser acogida. Algo está poniendo en jaque su integración a la vida, su integración en la vida. Quiero decir que parece ser que ella misma no anda suficientemente integrada. Ese vacío que siente correspondería en principio a un vacío de sí misma, aquello que no le permite tener un control de sus impulsos y necesidades.
Necesita que se le mire, que se le atienda, pero no sólo físicamente. Necesita una mirada al alma, a la persona que habita ese cuerpo. El cuerpo requiere atención y cuidados, tal vez caricias y abrazos, pero no es el problema prioritario el que esté engordando. Algo hay detrás más bien muy enflaquecido.
Es conmovedor cómo siente esa necesidad de ser calificada en excelencia. Siguen inasibles los premios que nunca tuvo. ¿Qué representarán? De hecho, esto nos habla de un vacío interior. Habrá que investigar de dónde viene este sentimiento. A veces tiene que ver con todo el esfuerzo que las personas hacen por que se les quiera y la sensación de que el cariño está condicionado al buen comportamiento o a los atributos físicos o a algún tipo de preferencia de los padres, como, por ejemplo, ser mujer o varón. Tremendos dilemas para un niño (ahora adulto) que percibe, a veces de manera totalmente inconsciente, lo que serían requisitos para ser reconocido, aceptado o querido.
Suele ocurrir que el sentirse exigido a cumplir con lo que se registra como una condición centrada en los vacíos de los padres lleva a resultados paradójicos porque algo se rebela dentro, generándose mucha tensión en el trámite de lograrlo. Estas presiones internas movilizan angustia e inseguridad, lo que interfiere en la capacidad de concentrarse.
Ella aún espera que el suministro de reconocimiento venga desde fuera y esto merma su posibilidad de reconocerse por sí misma. De ahí la baja autoestima: no le es posible reconocerse por sí misma, menos aún quererse o valorar sus cualidades y esfuerzos. Hay todavía un trayecto por recorrer para hacerse independiente. Para eso necesita ayuda.
A estas explicaciones, que intentan dar sentido a lo que está ocurriendo, habrá que agregarle que parece que su hija está padeciendo de un trastorno de ansiedad y síntomas depresivos. Es posible que requiera de medicamentos como ayuda para compensarse. Adicionalmente, es necesario un proceso de psicoterapia que la ayude a organizarse para la vida. No dejen pasar el tiempo, está en una edad de tránsito y los síntomas nos avisan que hay que intervenir.
Gracias nuevamente.
2009/05/18 Impulso sexual y deseo
Hola Doctor Morales tengo el agrado de contarle mi historia. Soy un joven de 21 años y siento que tengo un grave problema con el sexo que no puedo controlar mis impulsos. Tengo la necesidad de tener relaciones con una persona y cuando no pasa eso busco lo que es la pornografía y consigo satisfacer mi cuerpo. Hace poco sentí que tenía un problema como éste xq hace 3 semanas tuve mi última relación sexual con una madre soltera que es mi vecina y la verdad quisiera que usted me ayude mucho xq me siento mal conmigo mismo. Sólo quisiera dejar esto que me atormenta y ser mejor en las cosas de mi vida cotidiana. Gracias x su tiempo doctor.
Querido amigo,
Bienvenida su consulta. Poder hablar es un paso importante hacia la resolución de los problemas.
Como bien dice, es usted joven. Es normal que, a los 21 años, se tengan deseos sexuales muy fuertes. Sin embargo, a veces los sentimos como perturbadores o desconcertantes.
La sexualidad es parte del desarrollo normal, nos proporciona placer y disfrute en las relaciones con otras personas (o con uno mismo), mientras ampliamos el conocimiento de nuestro cuerpo y las emociones propias de la sensualidad. Recordemos que detrás del deseo sexual no sólo hay impulsos físicos o factores químicos sino también psicológicos.
Usted señala que su impulso sexual le resulta un tormento y que quiere mejorar en las cosas cotidianas. El paquete, planteado así, tiene que ver con el proceso de maduración personal y nuestra natural aspiración a ser mejores. Necesita saber que no hay oposición entre la sexualidad y sus otros intereses. Pueden (y deben) tener un desarrollo paralelo. No tienen por qué generar conflictos de oposición. De esta manera, podrá ir regulando su comportamiento sexual y utilizándolo para crecer y enriquecerse emocionalmente.
Por otro lado, tal vez lo que usted percibe en este momento es que no hay una armonía entre sus deseos sexuales físicos y sus necesidades emocionales. Usted dice: “consigo satisfacer mi cuerpo”. Esto me hace pensar que sólo satisface el aspecto físico pero no el emocional. Quizás, cuando dice que tiene un “grave problema con el sexo”, es porque no siente la satisfacción emocional que podría acompañar a su sexualidad. Es probable que no esté encontrando espacio para la ternura o el cariño con la persona con quien se relaciona (o consigo mismo). Sólo logra tener una satisfacción parcial, corporal.
Me dice que hace tres semanas tuvo relaciones sexuales con su vecina y esto lo considera un problema. No tendría que ser un problema si han sido relaciones deseadas por los dos y no ha habido ningún forzamiento ni engaño y si han tomado las precauciones necesarias (uso de preservativo, por ejemplo) para evitar consecuencias que sí podrían traerles problemas (como enfermedades, VIH, embarazo no deseado, etc.).
La posibilidad de una experiencia sexual plena, satisfactoria, sin culpas, con intimidad, tiene que ver con nuestra autoestima y con la confianza básica hacia los demás. Cuando estos aspectos funcionan bien, el acto sexual no se siente como algo conflictivo ni malo sino como una satisfacción en armonía con nuestras emociones y nuestro entorno. Generalmente, conforme vamos madurando en otros aspectos de nuestra personalidad, adquirimos, también, una mayor madurez sexual.
En el caso de que su problema vaya más allá y lo sexual se haya convertido en su principal (y casi única) preocupación, nos encontraríamos frente a un problema que amerita que consulte con un psicoterapeuta. Algunos de estos problemas tienen que ver con inseguridad, angustia, experiencias traumáticas de la infancia o confusiones que requieren una atención más amplia que lo que permite este espacio.
Si el sexo se convierte en una obsesión, lo que suele ocurrir es que no lo disfrutemos. Entonces, se siente vergüenza, ansiedad, culpa, desesperanza, depresión y merma de nuestra autoestima. Si éste fuera su caso le recomendamos consultar con un especialista en salud mental.
Querido amigo,
Bienvenida su consulta. Poder hablar es un paso importante hacia la resolución de los problemas.
Como bien dice, es usted joven. Es normal que, a los 21 años, se tengan deseos sexuales muy fuertes. Sin embargo, a veces los sentimos como perturbadores o desconcertantes.
La sexualidad es parte del desarrollo normal, nos proporciona placer y disfrute en las relaciones con otras personas (o con uno mismo), mientras ampliamos el conocimiento de nuestro cuerpo y las emociones propias de la sensualidad. Recordemos que detrás del deseo sexual no sólo hay impulsos físicos o factores químicos sino también psicológicos.
Usted señala que su impulso sexual le resulta un tormento y que quiere mejorar en las cosas cotidianas. El paquete, planteado así, tiene que ver con el proceso de maduración personal y nuestra natural aspiración a ser mejores. Necesita saber que no hay oposición entre la sexualidad y sus otros intereses. Pueden (y deben) tener un desarrollo paralelo. No tienen por qué generar conflictos de oposición. De esta manera, podrá ir regulando su comportamiento sexual y utilizándolo para crecer y enriquecerse emocionalmente.
Por otro lado, tal vez lo que usted percibe en este momento es que no hay una armonía entre sus deseos sexuales físicos y sus necesidades emocionales. Usted dice: “consigo satisfacer mi cuerpo”. Esto me hace pensar que sólo satisface el aspecto físico pero no el emocional. Quizás, cuando dice que tiene un “grave problema con el sexo”, es porque no siente la satisfacción emocional que podría acompañar a su sexualidad. Es probable que no esté encontrando espacio para la ternura o el cariño con la persona con quien se relaciona (o consigo mismo). Sólo logra tener una satisfacción parcial, corporal.
Me dice que hace tres semanas tuvo relaciones sexuales con su vecina y esto lo considera un problema. No tendría que ser un problema si han sido relaciones deseadas por los dos y no ha habido ningún forzamiento ni engaño y si han tomado las precauciones necesarias (uso de preservativo, por ejemplo) para evitar consecuencias que sí podrían traerles problemas (como enfermedades, VIH, embarazo no deseado, etc.).
La posibilidad de una experiencia sexual plena, satisfactoria, sin culpas, con intimidad, tiene que ver con nuestra autoestima y con la confianza básica hacia los demás. Cuando estos aspectos funcionan bien, el acto sexual no se siente como algo conflictivo ni malo sino como una satisfacción en armonía con nuestras emociones y nuestro entorno. Generalmente, conforme vamos madurando en otros aspectos de nuestra personalidad, adquirimos, también, una mayor madurez sexual.
En el caso de que su problema vaya más allá y lo sexual se haya convertido en su principal (y casi única) preocupación, nos encontraríamos frente a un problema que amerita que consulte con un psicoterapeuta. Algunos de estos problemas tienen que ver con inseguridad, angustia, experiencias traumáticas de la infancia o confusiones que requieren una atención más amplia que lo que permite este espacio.
Si el sexo se convierte en una obsesión, lo que suele ocurrir es que no lo disfrutemos. Entonces, se siente vergüenza, ansiedad, culpa, desesperanza, depresión y merma de nuestra autoestima. Si éste fuera su caso le recomendamos consultar con un especialista en salud mental.
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