sábado

Intolerancia a la cercanía 31 Agosto 2020

 

hola doctor, la verdad no se ni como explicarme a mi misma pero lo intentare: no me atrae la gente, es mas, cuando noto que de alguna forma alguien tiene una atracción hacia mi de inmediato me genera una repulsión total, soy educada hasta que la interacción termina pero luego huyo de ahí para no volver jamas o cuando lo tenga que hacer cuadro con un amigo y así no tener que ir sola y eso ocurre con hombres y mujeres por igual, mi aspecto es muy vago, la gente piensa que es de marimachos pero yo solo busco ropa que no sea ajustada, sin escotes y pantalones cómodos con botas, trabajo en una panadería, tengo que agacharme y estirarme, hacer fuerzas y caminar por pisos lisos, el aire es caliente y se suda mucho, si llevara maquillaje, accesorios femeninos y ropa ajustada seria desastroso, terminaría con la cara pintarrajeada,la ropa rota o descosida y tal vez un accesorio perdido que ni Dios permita se fuese en algún pastel pero claro, eso ha llevado a que piensen que soy lesbiana, las únicas dos relaciones que he tenido en mi vida fue una que duro una semana de la cual solo vi en físico a la persona tres días de siete y luego no resistí mas, lo corte no sin antes un asqueroso beso que me comprobó que de verdad me daba asco, casi le vomito encima al tipo, luego una relación a distancia con una chica que duro cerca de 5 años pero terminamos, la relación no avanzaba y realmente llegamos a un punto donde yo era la única que daba atenciones y regalos, ella solo esperaba sin ningún aporte, me canse y terminamos, de ahi han sido casi 10 años de tranquilidad, tengo 34 años y sinceramente estoy tan ocupada con todos mis problemas como para buscar una pareja pero pareciera que hubiese dicho una completa estupidez pues cada vez que trato de explicarme me miran como si tuviera dos cabezas, de verdad estoy tan mal? solo busco paz, tengo solo tres amigos en los cuales confió ciegamente, uno de ellos mas que los otros dos, pero en si puedo ser tan cariñosa físicamente con ellos que a veces piensan que somos parejas y termino diciendo que somos primos para que entiendan porque los abrazo, los muerdo (si, tengo esa estúpida manía de morder) o me cuelgo de ellos de forma sorpresiva, me siento tranquila en soledad, a veces ni a ellos los soporto, solo quiero quedarme en un rincon sin que nadie me hable y ya, es realmente algo grave

 

Intolerancia a la cercanía

 

En la vida, lo más importante, es sentirse bien, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Cada quien dibuja en sí mismo lo que desea, o lo que es capaz de hacer. Cuando es el deseo el que predomina, tenemos una resultante de satisfacción y disfrute. A veces, ocurre, que nuestro deseo está marcado por la necesidad de distancia, y, esto nos puede llevar a grados diferentes de intolerancia a la cercanía afectiva. En la mayoría de los casos es porque el sentir afecto por alguien, sentir que se puede depender de él, nos moviliza temor o la sensación de riesgo de dolores y frustraciones, así es que muchos, desde muy pequeños, prefieren evitar involucrarse afectivamente.

De todas maneras, como humanos, no dejamos de tener afectos y necesidades de relación, es allí donde uno se las ingenia para mantener distancias y desapegos, para evitar confundirse emocionalmente, para evitar el eventual dolor a que se repita un abandono, la sensación de incomprensión o una falta de reconocimiento. Cultivamos entonces relaciones con gente como uno, pero, cada vez que nuestro afecto por ellos aumente, se movilizarán contradictorias expresiones de rechazo.

De alguna manera, uno se limita al mantener esta forma de ser, no es que pueda tenerse plenitud. Lo que se suele obtener es la tranquilidad de sentirse protegido en el “bunker” personal. Es bueno saber todo esto, porque es distinto hacerlo porque “así nos sale” que lo que podemos refrendar con un “así soy”, cuando, dándonos cuenta de las motivaciones emocionales que nos llevan a ello, decidimos mantenernos en esa actitud ante los demás. Implicando con ello una clara renuncia.

Siempre está la opción de enfrentar nuestros miedos y cambiar nuestro modelo defensivo. Eso también es una decisión, nadie la obliga a hacerlo, tiene que ser por deseo.

 

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