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viernes

2015/11/20 Exploraciones peligrosas

Buenos días!!
Quisiera que me ayudará. hace 2 años conocí a un hombre quien es casado y yo también. Sostenemos conversaciones por chat pero aunque le insisto que dejemos la cosas seguimos en contacto constante. Siento que el también esta algo apegado; a mi me gusta hablar con el, ya nos vimos una vez y hubo contacto intimo, con frecuendia dice quererme, necesitarme pero cuando lo incito a que nos veamos siempre pasa algo de parte de el que no aparece, se pierde unos dias y luego aparece como si nada.creo que ambos buscamos salir de la rutina. Pero no se como hacer para dejarlo se que está situacion Me hace daño pues se que no hay nada.


Una de las cosas que tiene que aprender uno en la vida es cuándo ponerle límite a una relación, en cualquiera de sus versiones. Si es que no le ponemos límite, la relación evolucionará de manera que se van comprometiendo afectos y necesidades y, eventualmente, surgiendo conflictos y demostraciones de parte del otro que nos retan a una deducción que a veces es de lo más evidente pero nos resistimos a verla.

Estando libres y solteros, el problema es menor; es una forma de explorar y conocer al otro y a nosotros mismos.  Pero, si estamos casados, el gran riesgo es que en algún momento pongamos en desequilibrio nuestra relación conyugal y, por tanto, es necesario detenernos a pensar qué es lo que estamos buscando. 

Una primera reflexión, por cierto, es que tal vez lo que estamos actuando sea producto de una falla en la relación conyugal. O, suele ser que, sin haber más fallas que las usuales de la convivencia, de pronto nos embarcamos en una aventura romántica que nos hace perder el balance del desarrollo con nuestro cónyuge y con la familia, Nos escapamos a una suerte de "soltería" o a una situación idealizada... y vamos tomando distancia de nuestro cónyuge. Gran error, que puede costarnos mucho.

Lo que pasa con su compañero de aventuras  - o más bien desventuras, por lo frustrante de los encuentros-  muestra que hay un temor tremendo a la cercanía y una conducta huidiza. Quizás usted padece de lo mismo sin saberlo.  De repente, los dos tienen temor a una cercanía intensa que tendría que sobrellevar distancias sin desequilibrarse, incluyendo trabajo, hijos, discrepancias, todo lo que surge en la convivencia y que a veces nos hace sentir que no se nos quiere o que no es lo que queremos. Entonces, fugamos a un vuelo romántico... El asunto es que este vuelo puede generar necesidades y anhelos que otra vez queden insatisfechos.  Si no, escogería a alguien estable para emparejarse y estaría clara su visión de que la relación conyugal no marcha.

Simplemente, deje de jugar a complicarse y tome conciencia de que está teniendo necesidad de tomar decisiones, partiendo de la renuncia a algo que atenta contra su matrimonio. Tendrá que mirar un poco esa tendencia romántica a “volar” que la distancia, más que acercarla, de su realidad. En otras palabras, es hora de madurar y ponerse en su lugar como mujer que se estima.

No le dé más cuerda. ¡Rescátese!

2012/12/19 Desengañándose


Saludos  Dr. soy una mujer soltera de 40 años y quiero saber por que no puedo romper definitivamente con una relación con un hombre casado que yo se nunca podrá darme el lugar de su esposa he intentado romper en varias oportunidades y al tiempo regresamos no entiendo por que ahora he regresado con el si ya no lo amo y el también lo sabe, y lo peor de todo es que yo soy consiente de lo que esto significa lo se racionalmente, no se si busco vengarme de él o hacerme daño yo misma ya que esto se inició cuando yo apenas tenía 21 años y estuve enamorada de él hasta hace dos años que ya no lo amo y siento que estoy empezando a sentir asco cuando el me toca y a pesar de esto ¿por que no puedo terminar con él?. él no me da el amor que yo quisiera y económicamente yo tengo más que él y muchas veces he pensado que el me ha sacado provecho económicamente por que aunque yo nunca le regale un centavo siempre le he prestado para su beneficio y nunca para el de ambos




¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que uno se encuentre en condiciones de amar….?  Mmmm… ¡A veces toda la vida!   No es infrecuente creer que amamos cuando apenas si nos hemos hecho de una relación de aferramiento conflictivo de la que no nos logramos desprender.

¿Quién engaña a quién…?  Esperar casi 20 años para darse cuenta de que él no se va a separar de su esposa tiene un sabor de complicidad.  Es un juego que tiene que sincerarse. Quizás, en el fondo, usted siempre supo que iba a ser así. 

Ocupar el lugar privilegiado de la amante, de “la preferida”, puede aparecer como especialmente placentero, pero surge un problema serio ya que estas circunstancias requieren que, en paralelo, haya alguien que ocupe el lugar de “la engañada” (en este caso la esposa). En este tipo de juegos amorosos siempre flota el fantasma de que, en cualquier momento, pase una misma a ocupar el temido lugar de la engañada. O sea, protegiéndose del temor a ser engañada, se coloca usted en posición de quien engaña… y se engaña.

Detrás de esto hay casi siempre una paradoja: aparentemente, quiere uno ocupar el lugar de la esposa, pero éste es, a la vez, un lugar temido, ya que, además, es como haberle quitado el lugar a ella. No es como cuando uno siente que simplemente está ocupando su lugar (y no el de otra).

En el escenario del inconsciente, a esto lo llamamos una “fantasía infantil intolerable”. Es como quitarle el lugar a la mamá, lo cual genera tremendos conflictos porque con quien estaríamos en pareja sería con un equivalente al padre, del que siempre esperaremos gratificaciones del orden de lo infantil.  Nos terminamos engriendo y sintiendo cada tanto la frustración de no tener todas sus atenciones.

Suele ser que nuestro amante  -en este caso, además, casado-  nos llene de atenciones y otras veces falle. También esto, en la fantasía, es registrado como que él está dándole a “la otra” las atenciones que una no recibe.
En suma, se trata de un conflicto de nunca acabar, marcado por la eterna sensación de ser engañada, engañadora y… vivir engañada, en realidad por usted misma, como ya se ha dado cuenta.

¿Por qué cuesta desprenderse…? Tal vez usted siente que ha progresado en la vida (si eso significa que usted tiene una economía mejor que la de él), pero no ha madurado emocionalmente.

 A sus cuarenta años, creo que ya no es un juego el seguir engañándose. Por otro lado, no es nada saludable el empezar a tener emociones negativas como asco, rechazo y fantasías de venganza.

El tema pendiente es, en realidad, el proceso de su propia maduración, poder ingresar al mundo de las relaciones maduras.  Tenga en cuenta, en primer lugar, que  ya no es la muchachita ingenua de 21 años y que depende de usted seguir engañándose o dar un giro a su vida. Lo que debe estar predominando es un temor a enfrentarse a la vida y no saber cómo hacerlo.

Si no puede sola… es tiempo de iniciar una psicoterapia.  Suerte.